El Espanto del dueño del mundo
por Cristian Tello. Agosto de 2010
   
El Espanto es el aparato más fantástico imaginado por Julio Verne. Aparece en la novela Dueño del mundo como una creación del ingeniero Robur el Conquistador. Es un vehículo anfibio que combina las capacidades de un automóvil, un barco, un submarino y un avión -ahora con alas, y no con hélices como el Albatros-, desarrollando en cualquier medio una velocidad vertiginosa.
   
El vehículo tiene aproximadamente 10 metros de largo y su velocidad promedio en tierra es de 250 km/hr. Esta gran velocidad hace pensar erróneamente a Verne que el invento de Robur resultaría ser invisible para el ojo humano, o que la alta rapidez de éste reduciría su peso. De otro lado, según el argumento de la obra, el gobierno de los Estados Unidos y de las potencias europeas ofrecen pagarle millones a Robur por la compra de su prodigioso artilugio, pero éste desdeña las ofertas y por el contrario se declara, gracias al poder de su aparato, como el «dueño del mundo».
Grabado original de El Espanto según una ilustración de George Roux
© Editorial Hachette
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En la novela, tenemos algunas características de este artefacto polivalente en palabras del inspector John Strock. El puente y el casco estaban construidos de una especie de metal desconocido. Al centro, un panneau medio levantado cubría la cámara donde las máquinas funcionaban con una regularidad casi silenciosa. En proa y popa se advierten dos aberturas, que posiblemente sirvirían para dar paso a los camarotes de los tripulantes.
   
Las cubiertas de todas estas aberturas se ajustaban con unas guarniciones de caucho, cerrando tan herméticamente que no era posible que penetrara agua al interior durante las evoluciones submarinas.
Maqueta de El Espanto exhibida en el Musée Jules Verne. Nantes, Francia
© Jean-Marc Deschamps - Nemotechnik
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En cuanto al motor que imprimía aquella asombrosa velocidad, no pude verlo, así como el propulsor, hélice o turbina. Todo lo que pude observar era que el barco no dejaba tras de sí más que una larga estela, debida a la finura de sus líneas de agua, que le proporcionaban una gran estabilidad sobre el líquido elemento.
   
Además, el agente que ponía en movimiento toda esta maquinaria no era ni el vapor de agua ni el de petróleo, alcohol u otras esencias que el olor hubiera dado a conocer, y que son los más generalmente empleados para los automóviles o submarinos. No cabía duda de que el agente propulsor era la electricidad almacenada a bordo a una enorme tensión.
Maqueta de El Espanto exhibida en el Musée Jules Verne. Nantes, Francia
© Jean-Marc Deschamps - Nemotechnik
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Entonces imponíase esta pregunta: ¿De dónde procedía aquella electricidad? ¿De pilas o de acumuladores?... ¿Pero de qué forma estaban cargados estos acumuladores o pilas? ¿De qué inagotable fuente se surtían? ¿Dónde funcionaba la fábrica que producía aquel fluido? Al menos que fuese obtenido del aire ambiente o del agua por procedimientos hasta entonces desconocidos...
   
En otra parte del relato, John Strock sigue describiendo a El Espanto. El aparato era de estructura fusiforme, la proa más aguda que la popa, el casco de aluminio, las alas de una substancia desconocida para mí. Reposaba sobre cuatro ruedas de un diámetro de dos pies, guarnecidas de una llanta de neumáticos muy espesos que aseguraban la dulzura en el rozamiento a toda velocidad. Sus rayos se ensanchaban en forma de paletas, para cuando se transformaba en barco o submarino.
Maqueta de El Espanto exhibida en el Musée Jules Verne. Nantes, Francia
© Jean-Marc Deschamps - Nemotechnik
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Pero estas ruedas no constituían el principal motor. Este componíase de dos turbinas Pearson's colocadas longitudinalmente a cada lado de la quilla . Movidas con extraordinaria rapidez por la máquina, provocaban el desplazamiento en el agua.
   
De todos modos, si el aparato se sostenía y movía en el aire, era gracias a las grandes alas rebatidas sobre los flancos, cuando el aparato estaba en estado de reposo. Era, pues, el sistema del «más pesado que el aire», aplicado por el inventor; sistema que le permitía transportarse en el espacio con una velocidad superior, tal vez, a la de los más potentes pájaros.
Vistas de perfil, horizontal y un corte transversal de El Espanto
© Les dessins de Jean-Pierre Bouvet
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En cuanto al agente que ponía en acción todos aquellos mecanismos, no podía ser otro que la electricidad. Pero, ¿de qué fuente la obtenían los acumuladores? ¿Existía en alguna parte una fábrica de energía eléctrica donde se alimentaban? ¿Acaso funcionarían dínamos en alguna de las cavernas del Great-Eyry?
Del examen resultó que el aparato usaba ruedas, turbinas y alas; pero nada sabía del mecanismo ni del agente que lo ponía en actividad.
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Maqueta de El Espanto exhibida en el Centre International Jules Verne. Amiens, Francia
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