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El mundo interior de Verne y su obra |
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Verne y el pueblo de los Incas
por Cristian Tello. Publicado en MUNDO VERNE Nº8. Diciembre de 2008
Julio Verne, uno de los precursores de la Ciencia Ficción, fue un apasionado de la geografía, el mar y los viajes a países lejanos. Pero lo que pocos saben es que el novelista francés se inspiró en el Perú,
su historia y sus gentes, para escribir varios de sus textos. Aquí, una semblanza de la verdadera relación entre Verne y mi país.
No existe un rincón del planeta que no haya sido alcanzado de forma precursora por la fecunda imaginación de Verne, un trabajador sin descanso y lector asiduo de todas las publicaciones científicas y
geográficas de su tiempo. Y como era de esperarse, la lejana América del Sur no podía escapar a su incomparable sed de descubrimiento. Martín Paz, obra de 1852, es una curiosidad dentro de su vasta
producción literaria: se ambienta en el Perú. Es una novela corta de juventud que corresponde a la época de su iniciación como novelista, antes de ganar el prestigio que le dieron, más adelante, sus
libros futuristas. Pero no se piense que esta fue la única vez en que Verne dirigió su mirada a la ancestral tierra de los Incas, pues, como se verá ahora, su relación con Perú es mucho más amplia
de lo que se supone.

El Perú novelado. Portada de Martín Paz, novela histórica de Julio Verne
(en la foto en 1857, 29 años) ambientada en el Perú. Fue publicada en 1852
Martín Paz, la novela colonial
Desde 1850, el joven provinciano Verne, de veintidos años, se ganaba la vida en París escribiendo obras de teatro de poca importancia. En 1851 consigue que la revista Musée des familles le publique su primer
cuento: Los primeros navíos de la Marina mexicana, relato corto escrito bajo la influencia de su buen amigo Jacques Arago, cuyo hermano Jean participó en la guerra de independencia de México y que fuera nombrado
general del ejército de ese país. En esta temprana obra, Verne deja mostrar ya, un cierto conocimiento de la geografía del Perú, porque en ella expresa que «la inmensa meseta de Anahuac es una sucesión de llanuras, mucho
más extensas y no menos monótonas que las de Perú y Nueva Granada.»
Por ese entonces, el ilustre pintor peruano Ignacio Merino retorna a Europa y obtiene sus mayores triunfos, entre ellos, la Tercera Medalla de Honor en la Exposición de Bellas Artes de París con su bello cuadro Colón
ante los sabios de Salamanca, una obra que se conserva en Lima, al ser comprada por el gobierno del presidente Balta. Según Pitre-Chevalier, el director del Musée des familles, Merino había traído de Perú un
álbum de acuarelas y le autorizó a los dibujantes de su revista, reproducir las mejores pinturas de esta colección inédita.
Los grabados de Perú en aquella época, sirvieron de inspiración a Verne para escribir otro relato corto. Esta vez, su nuevo cuento estaría ambientado en el Perú colonial. Por tal motivo, el escritor se documentó más acerca
de la historia y costumbres del país y habló con todo turista limeño a los que tuvo acceso para recaudar la información más fidedigna conforme a su método de trabajo.

Limeña e indio peruano de la época colonial. Dibujos de Ignacio Merino
De esta manera, a mediados del año 1852, el Musée des familles publicó Martín Paz, su primera obra narrativa, en la cual hizo actuar a los personajes coloniales creados por Ignacio Merino en sus acuarelas.
Sin embargo, por la fecha de su concepción, parece ser que la información que tenía sobre Perú no era todavía muy firme, pues el autor refiere que en nuestra patria, el Sol se pone al otro lado de la cordillera de los Andes,
en tanto que el mar de Chorrillos está infestado de tiburones.
Ambientado a inicios de la República, en la Lima de 1830, durante el agitado gobierno de Agustín Gamarra (Gambarra en la ortografía de Verne), este cuento histórico enlaza una intriga amorosa con una sublevación de indios
que estalla el día de la popular fiesta de Amancaes. El joven indio Martín Paz, uno de los más valerosos descendientes de Manco Cápac, es el hijo del líder de un grupo de insurgencia indígena que prepara una revuelta para tomar
el poder. En la historia, Martín se enamora de Sara, una bella dama española, prometida del mestizo acaudalado Andrés Certa y, según se cree, hija de Samuel, un usurero judío. En uno de sus pleitos, Paz hiere a Certa, logra
escapar, y halla refugio en casa de un generoso marqués español. Mientras tanto, su padre comienza con su revuelta en contra de los dirigentes blancos.
El padre de Sara la vende a Andrés Certa y le revela que es, en realidad, una cristiana. Se trata, en efecto, de la hija del marqués español. Había ocurrido que años atrás, el judío Samuel la había salvado de ahogarse cuando
esta era niña y la había hecho pasar por hija suya, ocultando su verdadera identidad. A pesar de que Martin logra convencer a Sara de que huya con él, no lo consigue, al ser detenido por el marqués. Más adelante, Paz se une a
la rebelión, pero cuando intenta proteger a Sara de los indios, sus hermanos de raza y su propio padre se vuelven contra él.

Grabados originales de Martín Paz, por Jules Férat
Martín Paz encuentra la muerte mientras intenta salvar a Sara, y ella muere con él tras haberlo bautizado antes de expirar. Samuel se queda con el dinero que le había pagado el desdichado prometido de Sara, y sigue expoliando con
su usura a los aristócratas de la ciudad de Lima. Este argumento parece ser un artificio copiado del Romeo y Julieta de Shakespeare, pues Verne, usando el pretexto de una historia de amor entre dos bandos en disputa, resalta los
graves conflictos interraciales en el Perú colonial entre españoles, indios y mestizos.
El desconocido historiador de los Incas
El visionario novelista poseía un conocimiento enciclopédico, que lo utilizó para describir, a lo largo de su producción, diversas culturas de la humanidad. Su constante preocupación por la historia de los pueblos conquistados,
hace que el autor francés mencione en algunas ocasiones al Imperio Incaico, que, como se conoce, fue sometido por el ejército español. Al hacer un estudio de sus novelas, se hallarán ciertas alusiones a los Incas y sus costumbres.
En Veinte mil leguas de viaje submarino, el autor narra que, en el fondo de la bahía de Vigo, el mítico capitán Nemo abastecía sus necesidades y lastraba el submarino Nautilus con todas las riquezas de los barcos españoles
hundidos allí. Describe que «para él solo había entregado América sus metales preciosos. Él era el único heredero directo de todos esos tesoros arrancados a los Incas y a los vencidos por Hernán Cortés.» Así mismo, en Los hijos
del capitán Grant nos hace mención que «el cóndor, esta ave magnífica, adorada en otros tiempos por los Incas, es el rey de las aves meridionales, en cuyas regiones llega a alcanzar un desarrollo extraordinario.»
Sin embargo, la referencia más importante que hace Julio Verne de los Incas, se puede encontrar en Historia de los grandes viajes y los grandes viajeros, una obra de trasfondo histórico y geográfico publicada entre 1878 y 1880, que le
costó al autor muchos años de estudio e investigación. Esta obra, poco conocida, describe en forma resumida la historia de la conquista del Imperio Incaico, y las guerras civiles que sucedieron luego entre Pizarro y Almagro. Es decir,
el libro le sirve de tribuna para exponer una de sus tantas cualidades: la de historiador.

En el libro histórico de Julio Verne: Historia de los grandes viajes y los
grandes viajeros, el autor francés cataloga a Pizarro como pérfido y rapaz
Verne hace, en esta novela, una crítica sistemática a esa tiranía y ambición con que los españoles invadieron al Perú: «¡Maldad de las más atroces y de las más odiosas cometidas por los españoles en América, donde se mancharon con
todos los crímenes inimaginables!» Mientras que de Francisco Pizarro dice que «en él se reconoce su rapacidad y perfidia, que son los rasgos más notables de su personalidad.»
Aunque se muestra severo con los conquistadores españoles, el autor francés expresa también su descontento por lo rápido en que fueron derrotados los Incas, explicando que los conquistadores ibéricos tuvieron la suerte de su lado, al
aprovecharse de las inmejorables condiciones en que llegaron al Perú: «¿No es una cosa curiosa de notarse, que lo mismo que en el Perú que en México, se vieron favorecidos los españoles por unas circunstancias absolutamente
excepcionales? (...) En el Perú, la lucha encarnizada entre dos hermanos enemigos, le impidió a los indios volver todas sus fuerzas contra los invasores, a los que fácilmente hubieran podido exterminar.»
El Perú en los Viajes Extraordinarios
Son muchos los libros en que Verne hace partícipe al Perú, o a los peruanos, con relativa importancia. Ya en 1861, antes de alcanzar la fama con sus Viajes Extraordinarios, Verne cita a nuestro país como uno de los lugares a los que
deseaba visitar. Se trata de Miserias felices de tres viajeros en Escandinavia, una novela escrita a partir de una nota de viaje real; en ella nos comenta: «Llegué a identificarme absolutamente con los grandes viajeros, cuyas obras
absorbía (...) tomaba posesión en nombre de Francia de las islas sobre las cuales plantaron su pabellón (...) siempre y por todas partes francés, ya fuese hallando las islas Labrador, México, Brasil, Guinea, Congo, Groenlandia, Perú o California.»
La Jangada es otra novela que se ambienta, en parte, en territorio peruano. En ella se recrea un viaje en una especie de balsa gigante a través del mítico río Amazonas. En la travesía que comienza en Iquitos, Perú, y culmina en Belem, Brasil, los
personajes de Verne alternan la contemplación de los parajes que van recorriendo, con el hilo del asunto consistente en demostrar la inocencia de un hombre acusado de asesinato, mediante el desciframiento de un documento en clave, además de generarse
simultáneamente a bordo dos idilios románticos. La obra, de otra parte, es el medio que usa el escritor para ratificar que el Amazonas nace en Perú: «Hoy en día parece fuera de duda que el Amazonas nace en el Perú, en el distrito de Huaraco,
intendencia de Tarma, y que sale del lago Lauricocha (…) Hay quienes opinan que nace en Bolivia, pero en realidad, lo están confundiendo con el Ucayali.»
En su popular novela De la Tierra a la Luna, el Perú es mencionado también como uno de los países que apoyan económicamente el singular proyecto de los extravagantes miembros del Gun-Club, quienes conciben un plan para viajar a la Luna utilizando un
vagón-proyectil, que será disparado por el Columbiad, un gigantesco cañón construido para el lanzamiento espacial. Para Verne, según su simpatía, Perú encabeza la lista de abonados de los países de América del Sur junto con Chile, Brasil, Colombia
y las provincias de La Plata, que aportaron en total trescientos mil dólares.
Otra alusión al Perú se encuentra en Las historias de Juan María Cabidoulin, novela que narra la historia de un viejo marinero acostumbrado a sembrar el pánico entre la tripulación de los barcos en que trabaja, propagando la leyenda de una gran
serpiente marina. En esta obra, Verne relata usando como fuente de información el periódico Journal du Havre, que «en el Océano Pacífico habíase producido el siguiente fenómeno (...) Luego de un violento temblor de tierra en las costas del Perú,
una inmensa ondulación en el océano se extendió hasta el litoral australiano.» ¿Conocíamos los peruanos la existencia de este temblor en nuestras costas?
En Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral, historia que cuenta el viaje de una delegación científica que parte hacia Sudáfrica con el objetivo de medir un arco de meridiano, el escritor manifiesta que, hasta ese entonces, eran
especialmente los sabios franceses quienes se ocupaban de esta medición. Verne describe que una de estas se llevó a cabo en nuestro país: «En 1745, en el Perú, La Condamine, Bouger y Godin, ayudados por los españoles Juan y Antonio Ulloa, acusaron
cincuenta y seis mil setecientas treinta y siete toesas como valor del arco peruano.»
Así mismo sorprende con su conocimiento de uno de los símbolos patrios del Perú, pues en Norte contra Sur, novela basada en la cruel Guerra de Secesión, el autor describe: «Aquí y allá crecían grupos de arbustos de quina, que allí eran simples plantas
arborescentes, en lugar de esos espléndidos árboles que crecen en el Perú, su país natal.» En este caso, Verne enaltece a la quina, aquel árbol que representa, en el escudo nacional, la riqueza de la flora peruana.

La Jangada, 800 leguas por el río Amazonas. Dibujos de Léon Benett
Cuando ocurren eventos fantásticos en sus historias, Verne suele mencionar que en Perú estábamos enterados de ellos. Así tenemos que el Albatros, la nave aérea que sorprende al mundo en Robur el Conquistador, es observada curiosamente también en nuestro
país: «Los peruanos, en la punta de la flecha metálica de su catedral, pudieron ver un pabellón que flotaba sobre cada uno de esos puntos, difícilmente accesibles.» Así también, en la obra El testamento de un excéntrico, donde se cuentan las peripecias de siete
rivales que forman parte de una competencia basada en el popular juego de la oca, en el que las casillas son los Estados de la Unión, dice con respecto a la euforia que ha desatado el juego: «Esta corriente no se hallaba canalizada únicamente en Estados
Unidos (...) Vertíase luego por la América del Sur: Colombia, Venezuela, Brasil, República Argentina, Perú, Bolivia y Chile.»
En algunas novelas, el autor intenta llevar a sus héroes a tierras peruanas, y en otras, hace participar a personajes peruanos en sus relatos. Así tenemos a Dick Sand, personaje principal de Un capitán de 15 años, quien trata de llevar el barco que tiene
a su mando a la costa sudamericana. Dick Sand cree al fin haber llegado al Perú, ya que al desembarcar, pregunta: «Quisiera que nos dijese usted con más exactitud en dónde estamos. ¿En las costas del Perú, creo yo? -No amiguito; un poco más al sur (...)
¿Nos hallamos a mucha distancia de Lima? -¡Oh! Lima está muy lejos...Por allá, hacia el norte.»
En Una ciudad flotante, novela inspirada en un viaje personal de Verne a Estados Unidos, a bordo del gigantesco barco Great Eastern, el escritor narra que entre los pasajeros habían unos peruanos: «Eran como supe muy pronto, californianos, peruanos,
hispanoamericanos, ingleses, alemanes y muchos franceses.» Incluso, en el transcurso de la historia una pareja peruana entra en escena: «Nos distrajo en aquel momento una pareja joven que parecía profundamente aburrida. -Son peruanos -me dijo el doctor-,
casados hace un año, y cuya luna de miel los ha paseado por todos los horizontes del Globo.»
Ferviente lector de la revista geográfica más importante de su tiempo Le tour du monde, Julio Verne estaba al tanto de todas las expediciones que se realizaban en los mares. No sorprende que haya conocido también los viajes realizados por algunos barcos peruanos,
así como el movimiento comercial de esta parte del mundo. En Mistress Branican, su única novela en la que el personaje principal es una mujer, que va en busca de su marido perdido en el mar, relata: «Algunos años antes, La Sonora, una goleta peruana,
había varado a la entrada de Coronado Beach, y la tripulación se consideraba perdida si no se llegaba a establecer un contacto del barco con tierra.»
Otro barco peruano es mencionado en Dos años de vacaciones, novela en la que un grupo de niños forman una pequeña colonia, luego de naufragar en una isla abandonada en medio del Océano Pacífico: «En efecto, si bien aquellos vapores no encontraron al Sloughi,
recogieron cuando menos algunos de sus restos, tales como los trozos del coronamiento, caídos al mar después del choque con el trasatlántico peruano Quito, choque del que ni siquiera se había enterado el buque.» También, en su obra más exitosa
La vuelta al mundo en ochenta días, Phileas Fogg, Aouda y Passepartout llegan a América desembarcando en uno de los muelles de San Francisco, donde «se acumulan los productos de un comercio que se extiende a México, al Perú, a Chile, al Brasil, a Europa,
Asia y a todas las islas del Pacífico.» Y, en Los hijos del capitán Grant, toma como referencia al puerto principal del Callao: «No tuvo que estar buscando mucho rato, pues muy pronto dijo con un acento de satisfacción: ¡30 de mayo de 1862!
¡Perú! ¡El Callao; a la carga para Glasgow, la fragata Britannia, capitán Grant!»
Como se ha visto, no quedan dudas que hacia nuestro país convergieron las primeras inquietudes literarias de Verne, un escritor, que aunque nunca visitó el Perú, nos dedicó desde su natal y lejana Francia, no sólo un cuento ambientado íntegramente aquí,
sino también un estudio acerca de la historia de los Incas, y numerosas alusiones al Perú y su gente dentro de su prolífica obra, mostrando toda la riqueza natural e histórica de nuestra tierra; hecho que refleja además de su reconocida capacidad visionaria,
la figura de un hombre que buscó siempre cumplir la obra de su vida: «terminar de pintar la Tierra».
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