Olivier Sinclair, viajero, pintor y poeta
por Cristian Tello. Agosto de 2008
Huérfano a temprana edad, Olivier era un joven instruido de veintiséis años, amable, elegante, y soltero. Julio Verne lo describe como un «guapo mozo que hizo sus estudios en la Universidad, no sin provecho, pues a los veinte años,
viéndose dueño de una modesta fortuna, recorrió los principales Estados de Europa, India y América.» Era el último vástago de una respetable familia de Edimburgo, y la célebre revista de la ciudad había publicado varias veces
sus apuntes de viaje. Era además un pintor reconocido que podía vender sus cuadros a elevados precios, y aunque solía ser un tanto distraído, cultivaba también el arte de la poesía; unas cualidades que se contraponen a la ciencia
desdibujada por el pedante Aristobulus Ursiclus.
Un joven artista, sentado delante del caballete, se encontraba allí preparándose para
tomar una vista del mar, limitada por la punta meridional de la rada de Oban. De
pronto, la bola lanzada por miss Campbell chocó con el lienzo y derribó el caballete
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Olivier Sinclair es el protagonista principal de El rayo verde, la novela romántica de Julio Verne cuya línea argumental se basa en una crónica de pintorescos viajes marítimos en las complicadas costas de Escocia. Esa fascinación del
autor por el mar se evidencia en el carácter humanista y aventurero de Oliver. En boca de él, Verne deja de manifiesto su melancolía de marinero frustrado: «Yo no puedo ver partir un navío, buque de guerra, barco de carga o simple
chalupa de pesca, sin que todo mi ser se embarque a bordo. Yo creo que estaba hecho para ser marino, y lamento cada día, que esta carrera no haya sido la mía desde mi infancia.»
En medio del lamento de Oliver Sinclair, habla Julio Verne, quien desde niño soñó con convertirse en hombre de mar, ilusión reprimida por imposición paterna, al ser obligado a estudiar Derecho contra su voluntad. Se trata de una transposición de
identidades autor-personaje, más aún cuando años más tarde, en 1895, el autor le confesaría a la periodista inglesa Marie A. Belloc: «Soy un devoto del mar, y no puedo imaginar nada más ideal que la vida de un marinero.» La afinidad de Verne por
Olivier Sinclair quizá la hallemos en la simpatía que demostró por personajes escoceses en novelas anteriores como Las Indias negras o Los hijos del capitán Grant; reflejo ineludible de cierta solidaridad céltica del autor, dada su
descendencia materna de origen bretón y escocés compuesta por marineros y gentes de letras.
Olivier Sinclair en el intervalo de un segundo llegó
a la pared opuesta sin más temor que el de haber salido
con el remolino sin lograr asirse a alguna prominencia del fondo
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Pero Olivier presenta otro matiz, el de héroe romántico que no dudará en sacrificar la vida en rescate de su amada Elena Campbell. El amor y abnegación que le profesa a la joven son características innatas de los héroes de Walter Scott, escritor escocés
preferido de Verne, cuyas obras son resaltadas a lo largo del relato. De otro lado, la vieja leyenda del rayo verde asociada a un indicio de amor verdadero, es la excusa perfecta para Oliver quien vivirá junto a Elena y su familia, una sucesión de
circunstancias favorables hasta poder ser finalmente correspondido.