Los criminales hermanos Texar
por Cristian Tello. Octubre de 2008
Quince años antes a que el Estado de Texas se rebele contra México y forme parte de la Unión americana, dos niños fueron abandonados y educados por la caridad pública. Se ignoraba a qué familia pertenecían, y de los veinte a los treinta años vivieron separados
sin que se sepa de ellos. Raras veces se encontraban y ejercían el oficio de contrabandistas de esclavos. Su labor era la de transportar cargamentos de negros desde las costas africanas a los Estados del Sur. Fue entonces que decidieron aprovecharse
de su enorme parecido para realizar delitos de los que salían libres con las coartadas de su similitud física.
Texar tenía treinta y cinco años, era de estatura media,
constitución vigorosa, robustecida por una vida al aire libre y
aventurera. Su fisonomía indicaba al hombre audaz y violento
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Los Texar, protagonistas principales de Norte contra Sur, habían nacido en algún poblado de Texas, y era de ahí que derivaba su nombre. El origen español del que descienden no es bien calificado por el autor, quien a lo largo de su producción incluye pocos personajes de
dicha nacionalidad. Los aventureros gemelos llegan a Florida, atraídos por la continua lucha encarnizada, sostenida entre los indios semínolas en contra de los americanos y de la población baja de la ciudad, la cual estaba constituida en su mayoría por «españoles como ellos».
Apenas la cuestión de la esclavitud dividió a Estados Unidos en dos mitades, Texar se presentó como el más decidido defensor secesionista, excitando la ambición de todos los agitadores leales a su causa, empujándolos al saqueo, el incendio y hasta al asesinato de los habitantes
o colonos que compartían las ideas del Norte. Esta ideología lo convierte en enemigo del abolicionista James Burbank, al que trata de eliminar sistemáticamente durante el relato. El refugio que cobijaba a los Texar era un antiguo fortín abandonado en una recóndita laguna denominada
«Ensenada Negra». Sólo Squambó, un indio semínola a su servicio, conocía el secreto de aquella existencia. Cuando uno se ausentaba, el otro lo suplantaba en sus funciones, llevando así una vida por partida doble.
He de fusilar al autor de la matanza de Kissimmee. ¿Quién de ustedes es?
-¡Yo!- respondieron al unísono los dos hermanos Texar
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Sin embargo, la pasión de la fraternidad es un elevado sentimiento que halla abrigo hasta en los individuos más canallescos como los Texar, que comparten una solidaridad hasta la muerte. En el instante en que uno de ellos, frente al piquete de ejecución se dispone a morir, surge un
hombre del bosque y de un salto se coloca a su lado. Es el segundo Texar. El impresionante parecido confunde al oficial, pues tan sólo uno de ellos puede ser el culpable de una matanza de oficiales federales.
Alguien cree poder identificarlo en un tatuaje que llevaba en el brazo, pero ambos muestran idénticos tatuajes. Luego, cuando el oficial pregunta: ¿Cuál de ustedes es el autor de la matanza de Kissimmee?, los dos responden al unísono «yo». Y caen fusilados cogidos de la mano,
hermanados en la muerte como lo estuvieron en la vida.